El tiempo juega en contra del Castaño Santo de Istán, uno de los árboles más antiguos y emblemáticos de la provincia de Málaga y de toda Andalucía. Mientras se acumulan las advertencias sobre su deterioro, la falta de un acuerdo definitivo con la propiedad de la parcela mantiene paralizada cualquier actuación pública para garantizar su conservación.
Loa últimos que se han sumado a reclamar que se proteja este árbol milenario ha sido la Plataforma Andaluza del Castaño, que agrupa a entidades representativas del sector y que ha solicitado formalmente a la Junta de Andalucía la declaración del Castaño Santo como Monumento Natural de Andalucía por considerarlo un referente patrimonial y simbólico de primer orden.
Se trata de un ejemplar de Castanea sativa de dimensiones excepcionales: a 1,30 metros del suelo presenta un perímetro de 15 metros, que alcanza los 22 metros a ras de suelo; su altura ronda los 24 metros y el fuste mide aproximadamente 2,5 metros. Las estimaciones más prudentes sitúan su edad por encima de los 800 años, mientras que otras superan el milenio, lo que lo convertiría en uno de los castaños más longevos del patrimonio natural andaluz.
Desde la Plataforma se advierte de que su estado de conservación se ve comprometido por múltiples factores: el impacto del cambio climático, que lo debilita frente a patógenos; la incidencia de plagas y enfermedades que afectan al castañar andaluz; y, especialmente, la presión derivada de un elevado número de visitas turísticas sin control, que provoca la compactación del suelo, el deterioro del entorno inmediato y prácticas claramente perjudiciales, como subirse a sus ramas, retirar tierra de sus raíces o depositar cenizas funerarias.
“El Castaño Santo es un símbolo para el sector productor de castaña en Andalucía y un referente de nuestro patrimonio natural. Su protección es una responsabilidad colectiva”, ha señalado Francisco Boza Sáez, responsable del Sector de la Castaña de COAG Andalucía, en representación de la Plataforma.
No es la primera vez que se reclama una actuación urgente. En 2017, el Parlamento Andaluz instó al Gobierno autonómico a declarar el Castaño Santo Monumento Natural de Andalucía y a elaborar, “con carácter inmediato y urgente”, un plan de saneamiento que garantizara su supervivencia. Nueve años después, ese mandato sigue sin cumplirse.
La clave del bloqueo está en la titularidad privada de la parcela. Un tercio de los propietarios se niega desde hace casi 15 años a firmar el convenio que permitiría a la Junta hacerse cargo del cuidado y mantenimiento del árbol. El acuerdo planteado no contempla la venta del terreno, sino la cesión de la zona próxima al ejemplar —unos 2.000 metros cuadrados— para su protección, incluyendo un corredor de acceso, el vallado perimetral, la instalación de una cancela, elementos disuasorios para evitar que los visitantes trepen al árbol y una zona de aparcamiento ordenada.
La situación resulta especialmente paradójica si se tiene en cuenta que el Castaño Santo se encuentra dentro del Parque Nacional Sierra de las Nieves. Sin embargo, desde la dirección del espacio protegido se insiste en que la administración no puede intervenir directamente al tratarse de una finca privada. La propia Junta reconoce que está dispuesta a “hacer todo lo posible” para alcanzar un acuerdo, aunque subraya que no puede actuar sin el consentimiento de la propiedad.
Puede ser así. O no. Fuentes conocedoras del caso han asegurado a este periódico que la Junta de Andalucía sí puede utilizar alguna herramienta legal para forzar la firma del convenio, “puede hacer llegar a la familia propietaria un apercibimiento para personarse para firmar el convenio y, si no se presentan el 100% de los propietarios, obligarles de manera legal a desbloquear la situación”.
Mientras tanto, el deterioro avanza. Las raíces del árbol quedan cada vez más expuestas, la amenaza de la avispilla del castaño se mantiene y el tránsito desordenado de visitantes continúa sin control. Todo ello en un entorno de alto valor ecológico, el paraje del Hoyo del Bote, donde conviven alcornoques y quejigos centenarios.
El Castaño Santo, uno de los seres vivos más antiguos de Málaga, probablemente seguirá en pie cuando varias generaciones hayan desaparecido. La incógnita es si las administraciones y la sociedad serán capaces de garantizar que ese legado natural pueda sobrevivir, al menos, unos cuantos siglos más.
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