Es frecuente que se ensalce el centenario del nacimiento de una persona famosa o importante para una ciudad. Sin embargo, nadie se ha acordado de los 100 años que cumplirá en unos días Fernando Alcalá Marín, Hijo Predilecto de la Ciudad y Cronista Oficial de Marbella que nació un 15 de octubre de 1920. Ni siquiera hay acto alguno programado para recordar la importantísima labor que Alcalá Marín llevó a cabo para recuperar el pasado de nuestra ciudad.

Este marbellero de profesión fue un humanista en el sentido amplio de la palabra: fue abogado; fue Catedrático de Dibujo; concejal en los años 60; viajero incansable y el primer historiador, en sentido estricto, de Marbella. Hasta el punto de que mucho de lo que se sabe sobre el pasado de la ciudad se le debe a Fernando Alcalá.

Fue un incansable viajero por diferentes partes del mundo.

Aunque, por encima de todo, fue una buena persona. “Mi padre ayudaba a todo aquél que acudía a él con alguna necesidad”, comenta su hijo Antonio Alcalá. “Como abogado ayudó a mucha gente y le pagaban con lo que tenían, por eso a veces traía una gallina, un chivo o era frecuente que tuviéramos pollos en casa que le daba la gente del campo cuando tenían algún problema legal que él les arreglaba”, explica.

Su madre Dolores Marín Galbeño tenía antepasados arraigados desde hace siglos en Marbella. Su padre, Antonio Alcalá Calmaestra, fue un militar que recorrió mundo y que inculcó en sus hijos el amor por la literatura y el conocimiento. Le gustaba entretener a Fernando y a sus hermanos Antonio, Pepe, Rosario, Guillermo e Isabel con las peripecias que vivió en las guerras de Filipinas y Cuba. Entre su padre y su hermano mayor Antonio inculcaron en Fernando el amor por la literatura, la historia y la sed insaciable de conocimiento.

Fernando estudió primaria en Cádiz y en Málaga bachillerato y Bellas Artes. En 1940, como licenciado en Magisterio, comenzó a trabajar en la Hermandad Sindical de Labradores, el sindicato. Posteriormente se sacó la carrera de abogado y, para 1955, ya era profesor de Dibujo.

Desde muy joven Fernando Alcalá se interesó por el pasado de Marbella, estudiando exhaustivamente todos los documentos del archivo municipal y aprovechando cualquier excusa para viajar y documentarse sobre la historia de Marbella. “Todavía encuentro marcas suyas dejadas en actas del Ayuntamiento de los años 50”, comenta con una sonrisa el archivero municipal Francisco de Asís López.

Cuadro del marbellí Arias Maldonado por el que Fernando cruzó el Atlántico hasta Guatemala.

“Recuerdo que nos llevaba al Archivo General Simancas o a Madrid al Archivo Nacional, le acompañábamos toda la familia. En una ocasión hizo un viaje a Guatemala con la excusa de fotografiar un cuadro que había allí de un insigne marbellí: Rodrigo Arias Maldonado”, señala su hijo Antonio Alcalá. Túnez, China, India, Cuba, Marruecos, Colombia… Fernando recorrió a lo largo de su vida varias veces el mundo. “Lo hacía por pura sed de conocimiento. Le gustaba conocer los lugares que visitaba, disfrutar de otras costumbres, otras personas, otros lugares; de una manera muy diferente a hoy en día, que mucha gente viaja por puro postureo”, comenta su prima Elena Marín, que recuerda que su mujer Isabel Belón, “era una mujer muy buena, discreta y muy educada. Era muy querida en Marbella”.

Uno de los momentos más señalados de la vida de Fernando Alcalá, y para la historia de Marbella, fue cuando descubrió la Villa Romana de Río Verde. “Mi familia tenía terrenos al otro lado del río y unos agricultores le llevaron trozos de cerámicas. Mi padre habló con el dueño del terreno donde ahora está la villa romana y vio que había restos importantes. Avisó al arqueólogo Carlos Posac Mon y ambos excavaron hasta encontrar el mosaico de la Gorgona. Fue él quien encontró la villa pero nunca le importó que la posteridad se lo haya adjudicado a Carlos y a mi padre. Él era así: desprendido, generoso y nada ambicioso”, explica su hijo Antonio.

Fernando Alcalá (extremo derecha) junto a Carlos Posac (segundo por la derecha).

Los principales historiadores de la ciudad sólo tienen palabras de elogio sobre el último Cronista Oficial que ha tenido la ciudad. “Antes que él no hubo nadie que se ocupara con seriedad de la historia del municipio”, señala Francisco de Asís López, responsable del Archivo Municipal. “Sólo puedo tener palabras de elogio para Fernando Alcalá porque ha sido quien más ha hecho por esclarecer el pasado de Marbella y, más importante aún: era una buena persona”.

López quiso lanzar un órdago a la institución pública: “sería muy interesante reunir toda su obra, desde los libros que él mismo editó hasta los numerosos artículos publicados en prensa y reeditarla”, creando una especie de Archivo Fernando Alcalá. Otra opción podría contemplar que el Ayuntamiento llegara a un acuerdo con los herederos del historiador para que se creara un Fondo Bibliográfico con, además de sus libros y artículos, todo el ingente material histórico que conservan sus hijos para que historiadores e investigadores pudieran profundizar en el conocimiento del pasado de la ciudad.

Fernando Alcalá poco antes de su fallecimiento en 2006.

Esta medida propuesta por López la comparte el historiador José Luís Casado Bellagarza que añade que, “fue todo un pionero en el conocimiento de nuestro pasado. Gracias a él la generación posterior de historiadores hemos podido profundizar en la historia de Marbella y San Pedro”.

Con el mismo agradecimiento se expresa el arqueólogo Javier Soto. “Recuerdo que, en los años setenta, estuve varias veces en su casa y era un placer oírle y compartir historias sobre el pasado de Marbella. En ese tiempo habíamos descubierto el antiguo cementerio árabe de Nagüeles y Don Fernando quiso que le contara todos los detalles. Desde luego, cualquiera que quiera conocer el pasado de Marbella, debe empezar leyendo los libros de Don Fernando Alcalá”.

La unanimidad sobre la importancia de Alcalá Marín para el conocimiento de Marbella la completa el historiador Francisco Moreno. Fue él, como antiguo Vocal de Cultura durante la Gestora que gobernó el municipio hace 15 años, quien forzó para que este marbellí nacido accidentalmente fuera de Marbella fuera nombrado Hijo Predilecto. “Fue el primer historiador, el pionero. Todos los marbellíes le debemos muchísimo a Fernando Alcalá”, sentencia Moreno.

Recorriendo la Muralla China.

Hay que aclarar que los 10 libros que escribió Fernando Alcalá los editó él mismo, algunos llegando a un acuerdo con Paco Bernal de Grafisol. Y que Crónicas de Marbella, su obra póstuma, el Ayuntamiento lo regala a los personajes insignes que visitan Marbella. “Mis hermanos y yo querríamos hacer una exposición que homenajeara a mi padre. Tenemos muchos objetos suyos y nos gustaría que se pudieran reeditar sus obras”, señala Antonio Alcalá.

La mejor manera de reflejar la importancia de Fernando Alcalá para el conocimiento del pasado de Marbella está en las palabras que su hijo Antonio plasmó en el homenaje que se le hizo tras su muerte en 2006:

“Buscando y rebuscando encontró y nos enseño la Marbella musulmana y la morisca, la Marbella de la industria del hierro, la de ayer y de antes de ayer, la Marbella agrícola del Marqués del Duero San Pedro Alcántara, la del barrio alto y bajo, la de los altos hornos, la Marbella de Bazán, de Felipe IV, la del Muelle de Hierro, la de los Domínguez y Chinchilla, la del ciudadano Marín, la de los que se fueron y la de los que vinieron, la del Ángel, la de los Caciques, la del turismo, la de los tesoros escondidos en la Barbacana. Poco a poco, buscando, buscando, mi padre fue encontrando piezas de un puzzle que han rescatado de las tinieblas un pasado lleno de vida, de personajes y decorados, de acontecimientos y escenarios, que nosotros ahora gracias a él podemos alcanzar leyendo, imaginando, viajando en el tiempo”.

Ese fue Fernando Alcalá Marín.

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