Paco el Hamaquero ha estado 60 años siendo todo un símbolo de la playa de la Venus. Hasta ahora. Ha sido excluido de la regularización de las concesiones de hamacas y ha tenido que acudir a la justicia para que le Ayuntamiento le devuelva el lote que ha tenido todos estos años.

Hay personas que forman parte del paisaje de Marbella y de su historia. El Percha fue el icono de la plaza del Santo Cristo durante décadas. Bartolo simboliza la memoria de otra Marbella en su bar del Casco Antiguo. La familia Ortiz regentó durante décadas primero una carnicería y luego un ultramarinos también en el Casco Antiguo hasta que hace unos meses cerró por falta de relevo generacional. Santiago Domínguez fue uno de los iconos en el Paseo Marítimo hasta que su restaurante se convirtió en un Burguer King. Y Paco el Hamaquero lo ha sido durante 60 años en la playa de la Venus tratando a generaciones de clientes con su cercanía y buen hacer.

Paco el Hamaquero es una institución de las playas de Marbella. Durante décadas ha tratado con generaciones de turistas y marbellíes en el lote de 150 hamacas de la playa de la Venus. Es una persona muy querida y conocida. Sin embargo, Paco ya no está en su querida playa.

A finales de mayo de este año el Ayuntamiento culminó el proceso de regularización de las concesiones de hamacas en todo el litoral del municipio con la entrega de las adjudicaciones de los 132 lotes contemplados tras finalizar el proceso de licitación pública. Increíblemente, una institución como Paco el Hamaquero quedó fuera. Según documentación a la que ha tenido acceso este periódico, “por no haber entregado la totalidad de la documentación requerida en el plazo establecido”. Paco argumenta que esto es falso y así se lo hizo saber al Ayuntamiento en un recurso de reposición en el que alegaba que sí había entregado toda la documentación necesaria para renovar su lote de hamacas en la playa de la Venus. Y que lo había hecho tanto con la firma digital y como con el certificado electrónico correcto y en el plazo estipulado por el Consistorio, en respuesta a los requerimientos del Ayuntamiento.

Sin embargo, el 16 de febrero de 2026 el Ayuntamiento desestimó este recurso de reposición. Paco el Hamaquero no tuvo más opción que interponer un recurso ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Málaga solicitando que se suspendiera cautelarmente la concesión del lote de hamacas que corresponde a Paco y evidenciando el daño económico que iba a sufrir el Hamaquero si perdía sus derechos sobre la parcela en la que ha trabajado los últimos 60 años. Este recurso se presentó el 13 de marzo de este año y no ha podido impedir que el lote de Paco haya pasado a una empresa que actualmente está explotando la concesión que desde tiempos ancestrales ha sido de Paco.

A pesar de ello, Paco no está solo. Cuenta con el apoyo de la Asociación de Empresarios de Playas de la Costa del Sol y de la Federación Andaluza de Empresarios de Playa que se ha involucrado en buscar una solución para Paco. Su presidente, Manuel Villafaina, ha asegurado a este periódico que “ya estamos tomando las medidas para que Paco pueda volver a sus hamacas”.

Por parte del Ayuntamiento: el silencio. Desde Playas aseguran que este no es un tema técnico que dependa de la Delegación de Playas y remiten a Mesa de Contratación, responsable de todo lo relacionado con el proceso de regularización de las concesiones de hamacas. Este periódico no ha podido recabar el punto de vista de la Mesa de Contratación a pesar de reiteradas peticiones.

Más allá de trámites, burocracia y recursos judiciales, esta es una historia humana y Paco sigue sin poder atender a los clientes que desde hace décadas acudían a sus hamacas. Ha intentado recabar la ayuda y comprensión del Ayuntamiento pero asegura que nadie le quiere atender en persona.

El Percha, Bartolo, los Ortiz, Santiago, Paco el Hamaquero y tantos otros son, o han sido, Marca Marbella. En esta ciudad sobrepasada por el turismo de masas aportan un valor consistente y auténtico a la ciudad. Son los garantes de su verdadera identidad: la de una Marbella en la que se mezclan los nativos con trabajadores venidos de todo el mundo pero que son capaces de dejar una impronta profunda en sus diferentes ámbitos. En el caso de Paco, merece algo más que el silencio del Ayuntamiento.