Frente a la playa de San Pedro yace sumergido un navío de línea sin nombre que es una de las joyas arqueológicas sumergidas más valiosas de la Costa del Sol. Extensamente expoliado durante décadas, no ha podido ser  identificado, no se sabe su nombre ni el relato de cuando fue construido, cómo se hundió o cual es su nacionalidad. Hasta ahora.

El Periódico de Marbella, con la imprescindible ayuda del historiador y Doctor en Historia del Arte Francisco Moreno en la traducción de legajos históricos, ha llevado a cabo una intensa investigación hasta poder resolver las incógnitas relacionadas con el pecio sampedreño. Para ello, se han consultado los Archivos de la Armada, el Archivo General de Simancas, a expertos en historia naval y naufragios, a historiadores y a buzos locales que conocen desde hace décadas todos los recovecos del pecio sampedreño. En una serie de dos reportajes se explicará la identidad de este navío y las pruebas que lo sustentan. También su historia, cómo fue construido y el relato, en un segundo reportaje, de cómo quedó varado para siempre en la playa de San Pedro y qué fue de su tripulación y enseres.

UN NAUFRAGIO DOCUMENTADO

Hace 262 años el navío de línea español El Fernando se hundió frente a las costas de San Pedro. El 17 de octubre de 1760 no pudo afrontar una de esas intensas tormentas que suelen azotar el Mediterráneo al inicio del otoño. Este navío de 68 cañones había salido, junto a otros dos, el Terrible y el Astuto, del puerto de Cádiz con destino a Cartagena el 13 de octubre de 1760. El día 15, una fuerte tormenta sorprendió a la escuadra en las costas malagueñas.

Según explicaba Francisco Nasío, el capitán del puerto de Málaga, en una carta fechada el 29 de noviembre de 1760 y guardada en el Archivo General de Simancas, el Astuto consiguió llegar a Málaga con los mástiles destrozados y las costuras del barco abiertas, mientras que el Terrible acabó en las costas de Almería con el palo del bauprés dañado.

Respecto a nuestro protagonista, El Fernando, durante tres días, tal y como relata su comandante, el capitán de fragata Jerónimo de Argumedo, en carta fechada el 20 de octubre y conservada en el Archivo General de Simancas, el navío fue arrastrado por el temporal, perdiendo en la medianoche del día 16 el palo trinquete, después el mayor y el de mesana y entrando agua en la bodega a pesar del trabajo a pleno rendimiento de las cuatro bombas de achique. Finalmente, al amanecer del día 17, el navío embarrancó a legua y media al Oeste de Marbella y a media milla de la costa, “cerca de las Bóvedas de Marbella”. Si tenemos en cuenta que la legua en el siglo XVIII era de 6.361 metros, la legua y media serían 9.541 metros del centro de Marbella, mientras que media milla náutica corresponde a unos 800 metros de la orilla. Prácticamente en la actual ubicación del pecio sampedreño.

¿ES EL PECIO SAMPEDREÑO EL NAVÍO EL FERNANDO?

Se ha contado la historia, hasta ahora inédita, del hundimiento del navío El Fernando en la costa sampedreña. La hipótesis que maneja este periódico es que, efectivamente, el pecio expoliado y hundido casi a la altura de las Bóvedas, es El Fernando. El navío de guerra español embarrancó a esa distancia de la orilla y en esa posición de la costa y se encuentra hundido a unos seis metros de profundidad, muy cerca de la superficie.

¿Podría El Fernando corresponder a otro pecio que se encuentre en las inmediaciones? No. Según ha consultado este periódico a buzos del Centro Oficial de Investigaciones Subacuáticas (COIS) y a otros clubes de buceo, se desconoce la presencia de otro navío del siglo XVIII a menos de un kilómetro o dos del pecio sampedreño. Sí se encontraron, hace ya años, varios cañones hundidos en la playa esteponera de El Saladillo, a unos tres o cuatro kilómetros al Oeste del pecio sampedreño. (Uno de los cuales descansa en el fondo del Puerto Deportivo de Marbella).

Es más, los únicos navíos que se sabe que se hundieron en la zona y que podrían generar dudas sobre el origen español del pecio sampedreño son el Lys y el Magnanime, dos barcos de guerra franceses que naufragaron a principios del siglo XVIII huyendo de una escuadra inglesa tras una batalla cerca de Gibraltar.

 Sin embargo, a este respecto, la directora del Centro de Arqueología Subacuática de Cádiz, Milagros Alzaga, aclaró en una conferencia celebrada hace unos años en San Pedro sobre patrimonio histórico que “la arquitectura naval del pecio sampedreño no coincide con la de principios del siglo XVIII, sino más bien con la de un navío de mediados del siglo XVIII”. El Fernando fue construido en 1751.

Mapa que expuso Milagros Alzaga en la conferencia que impartió sobre le pecio.

A este respecto, cobra importancia las declaraciones del teniente de alcalde de San Pedro, Javier García, en el Pleno de junio que aprobó estudiar el pecio sampedreño, ya que aseguró que desde el Centro de Arqueología Subacuática barajan la posibilidad de que fuera un navío de guerra español que se hundió en las costas sampedreñas en torno a 1770. Lo que refuerza la hipótesis de que el pecio sea El Fernando.

Por otro lado, este periódico ha tenido contacto con un experto buzo que conoce desde hace décadas el pecio sampedreño y del que recuperó una canana de madera repujado en cuero con el escudo del Tercio de la Armada, lo que confirma que el pecio sampedreño tiene un origen español y militar, ya que los soldados del Tercio de la Armada no iban embarcados en navíos extranjeros. “La canana y otros enseres, como botones, hebillas, balas de mosquete, etc., los recuperé de la furrielería (almacén de suministros) del barco, con lo que no hay dudas de que era un navío español”, explica el buzo.

Canana o cartuchera donde se portaban las balas de mosquete hallada en El Fernando.
Cuero de la canana con el escudo del Tercio de la Armada.

Otro pequeño detalle que refuerza la hipótesis de que El Fernando sea el pecio sampedreño es que se encontraron en los maderos hundidos fósiles de teredos, un gusano propio del Caribe que devoraba la madera de los galeones y navíos de línea. Como se verá, El Fernando realizó dos viajes al Caribe poco antes de naufragar.

Además, según se refleja en uno de los legajos del Archivo General de Simancas, tras el naufragio las autoridades decidieron pegar fuego a la obra muerta del navío que sobresalía del agua, tras descartarse desmontar toda la estructura por ser más costoso. Lo que confirma lo que muchos buzos que han visitado el pecio saben: que parte del navío fue quemado. De hecho, cuando hay temporales, trozos de madera chamuscados llegan a la orilla con cierta frecuencia.

Aunque todas las fuentes documentales apuntan a ello, queda mucho por hacer para confirmar científicamente el origen del pecio sampedreño. Por lo pronto, sumergirse, investigarlo y, si procede, ponerlo en valor. En este sentido, comienzan por fin a moverse las instituciones competentes. En el Pleno municipal de junio el Ayuntamiento aprobó estudiar el pecio. Tres meses después, sigue pendiente de sentarse con técnicos del Centro de Arqueología Subacuática (CAS) para firmar un convenio que impulse su estudio, protección y puesta en valor. Todo llegará.

Arqueólogos del CAS trabajando en el estudio del pecio sampedreño hace unos años.

EL FERNANDO, UN BUQUE EXPERIMENTAL CON MUCHOS PROBLEMAS

La historia de El Fernando comienza como una película de espías. A mediados del siglo XVIII España estaba empeñada en diseñar los mejores navíos de línea del mundo. En este contexto, Jorge Juan, un eminente marino, ingeniero naval y científico español, llevó a cabo una misión secreta por encargo del valido Marqués de la Ensenada: viajar a Inglaterra y estudiar el modelo inglés de diseño naval para adoptarlo en los navíos españoles. Al cabo de 18 meses, Jorge Juan  tuvo que escapar ganando la costa francesa disfrazado de marinero, no sin antes haber conseguido captar a 50 técnicos navales ingleses para que vinieran a trabajar a España y un amplio conocimiento de cómo construir nuevos navíos de línea según el conocido como Sistema Inglés.

Una vez en España, Jorge Juan encargó el diseño y construcción de cuatro navíos experimentales: El Fernando y el Asia en El Ferrol, el África en La Carraca (San Fernando) y el Septentrión en Cartagena. De este modo, en 1751 se construyó (y en 1752 se botó) El Fernando, un navío de 46 metros de largo (eslora) y 11 metros de ancho (manga) que desplazaba 1.267 toneladas y portaba 68 cañones.

Así sería el navío hundido en San Pedro. Lámina del Asia, hermano gemelo de El Fernando.

Sin embargo, los cuatro navíos tuvieron muchos problemas constructivos y de diseño al ser experimentales. Según se explica en la tesis Las líneas maestras de Jorge Juan para la construcción naval: el Sistema Inglés, del abogado e historiador naval Enrique García, “el nuevo método de construcción comenzó pronto a plantear numerosos problemas, fundamentalmente relacionados con la escasa fortificación de los buques y la improcedencia o insuficiencia de las uniones de sus elementos. Comienzan así a manifestarse problemas constructivos de importancia en todos los buques: los navíos Asia, Fernando, África…, defectos traducidos en cuantiosas averías en sus cargamentos”.

Según se explica en la web de historia naval Todoavante.es, tras una amplia reparación en 1755, El Fernando zarpó desde Cádiz para llevar azogues (el mercurio que se transportaba de España a América para tratar la plata) a Veracruz (Méjico), regresando ese mismo año a Cádiz con un caudal recaudado en La Habana de 667.986 pesos. Volvió a zarpar de Cádiz en 1757 con la Flota de Indias hacia Veracruz, de donde volvió a Cádiz en 1758.

Así era el navío hundido en San Pedro. Lámina de el África, hermano gemelo de El Fernando.

Posteriormente, El Fernando participó en la escuadra que trajo en otoño de 1759 al Rey Carlos III desde Nápoles a España, como parte de la división naval del teniente general Carlos Reggio. Es en este viaje donde se notificó el mal estado del navío de línea. Según se recoge en la tesis Las líneas maestras de Jorge Juan para la construcción naval: el Sistema Inglés, “el Fernando, a pesar de haber sido recorrido sólidamente para ir a Nápoles, volvió a esta bahía como una criba, mojándose hasta el pan y la pólvora”.

Poco después pasó a Cádiz, desde donde partiría hacia su último destino: la playa de San Pedro Alcántara, donde descansa desde hace 262 años.

Durante los últimos años El Fernando ha sido expoliado hasta la saciedad. Buzos, turistas y curiosos se han llevado cañones, utensilios navales, balas de cañón, botones, etc. Esto es un delito y una desgracia, porque apropiarse de objetos históricos es negarnos nuestro propio pasado. Actualmente existe en Marbella un local que funciona como Provisión de Fondos Arqueológicos, donde se cuidan y protegen cientos de piezas históricas halladas en el municipio, a la espera de que exista un museo de la historia local donde puedan exponerse. Si quienes poseen “souvenirs” centenarios del pecio hundido los entregaran, seguramente se podría habilitar una sala completa con los restos de El Fernando.

 Este domingo 11 de septiembre se publicará un segundo reportaje que relatará el fatídico viaje de El Fernando en octubre de 1760, su naufragio y la recuperación de sus enseres.

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