Francisco Romero -Educación Financiera- 31 de Octubre. Día Mundial del Ahorro, o no

Proliferan estos días en internet numerosos artículos y documentos haciendo referencia a la historia y surgimiento de esta peculiar “onomástica”. Nos recuerdan desde diversas fuentes, que lo celebramos nada menos que desde hace casi cien años, dado que fue allá por 1924 cuando tras el “1er Congreso del Ahorro”, celebrado en Milán, el profesor Filippo Ravizza instauró semejante recordatorio histórico. Más de 300 delegados de 27 países se reunieron en la mítica ciudad de la que fuera Obispo San Carlos Borromeo, patrono de la Banca y de la Bolsa, para dar solución a la creciente preocupación del mundo por la seguridad y custodia del patrimonio de las familias. La costumbre en los años 20 era “guardar el dinero bajo el colchón”, quizá le suena esta antigua costumbre, pero esto elevaba enormemente el riesgo de perderlo todo. Por ello se animaba a la ciudadanía a descubrir las ventajas de depositar su dinero en una entidad bancaria.

Seguidamente llegaron todo tipo de iniciativas más o menos “ad hoc”, como la creación de las famosas cartillas de ahorro infantil que quizá muchos hemos conocido. O el atisbo de una educación financiera de propósito universal cuya implantación sigue siendo más “desiderátum” que “factum” en nuestra sociedad.

Como es obvio, la bancarización deficiente en los países emergentes ha desplazado la resonancia de Día Mundial a aquellas latitudes, pero a la vez, la creciente digitalización ha universalizado el abanico de posibilidades de celebración.

De acuerdo con la web www.worldsavingsday.info, que monitoriza todas la iniciativas asociadas a este día, “cuando ahorras un poco, suceden grandes cosas”, (“when you sabe a bit, big things follow”). No puedo estar más de acuerdo.

Siempre he considerado que ahorrar es una de las mayores muestras de inteligencia y madurez (financiera)  que existen. Puede que usted ya lo sepa y lo practique, pero con motivo de su Día Mundial, es más importante que nunca recordarlo y animarle a seguir haciéndolo. Integrar este hábito en su vida es altamente eficaz para mejorar su situación financiera a cualquier edad.

Y es que ahorrar provoca maravillosos efectos en numerosos aspectos de su vida. Los más obvios serían los económicos, puesto que quien ahorra, ciertamente acumula un capital disponible que le sirve como “fondo de emergencia” para cualquier eventualidad extraordinaria. Pero es que este “colchón de seguridad” tiene importantes beneficios psicológicos y vitales tales como la seguridad, la confianza y la tranquilidad de que está preparado para atravesar épocas de dificultades sin necesidad de depender de terceros. Y la independencia es la hermana pequeña de la libertad. Libertad para llevar a cabo sus proyectos vitales, para decidir libremente cuestiones tan importantes como su lugar de residencia, la dirección que quiere dar a su vida laboral o el hecho de formar una familia sin la amenaza de una situación financiera adversa.

Y hasta aquí, todo muy correcto, que diría cierto conocido profesor de matemática financiera. Pero este día, de deseado ámbito Mundial, debe ser puesto en solfa si no somos capaces de reflexionar sobre una cuestión crucial en un mundo de hiperinflación, probable reducción del crecimiento e incertidumbres crecientes sobre el devenir de la economía. La cuestión clave no es ya si usted o yo ahorramos, si lo hacen los ciudadanos. Resulta un hecho incontestable que incluso en “un mundo lleno de chocolate y de cheetos” que diría W. Buffett, y tras dos de las mayores crisis económicas que ha vivido la sociedad, ahorrar es posible y deseable. Dicho esto desde el respeto más consciente posible sobre la dificilísima situación en que se encuentran muchas familias a consecuencia de la situación tan fuera de lo común en la que hemos vivido los últimos meses o años.

Como decía, la cuestión clave no es si ahorra el ciudadano particular, sino cómo se está comportando el Estado a este respecto. Deberíamos reflexionar si es posible y deseable que los Estados ahorren y qué consecuencias podría traer al conjunto de la sociedad que esta práctica se expandiera en el sector público.

Estos días se publica en diversos medios que el Gobierno actual cuenta ya con 551 altos cargos, y con un número que rondaría los 1.200 asesores “elegidos a dedo”.  Se trata de un incremento del 45% del personal eventual. Habría también más asesores en el Parlamento que diputados. Lejos de hacer demagogia simplona, habría que preguntarse si son necesarios realmente tantos altos cargos, asesores y diverso personal eventual. Podría ser admisible preguntarse si dada la enorme necesidad de asesoramiento que necesitan nuestros políticos, quizá lo procedente  no sea contratar tanto asesor a sueldo público, sino invertir más en su propia formación o establecer una mínima preparación para optar a un cargo público.

Ya digo que probablemente la cuestión sea mucho más compleja…o no. Pero cabría preguntarse si de verdad son necesarios 22 ministerios, con sus respectivos asesores, personal eventual, etc.; o 17 parlamentos autonómicos, con sus respectivos representantes y cargos satélites, o todo el universo de la administración local.

Claro, si consideramos que la gestión de lo público parece no tener reparo en aumentar su tamaño en pro de una supuesta optimización de la misma, será fácil extrapolar que el ahorro público sea entendido desde este ámbito como la necesidad de concienciar a la población de que debe ser solidaria y estar dispuesta a pagar más impuestos con una sonrisa, dado el elefantiásico leviatán administrativo que ha de ser sostenido para que luego podamos disfrutar de unos maravillosos y eficientes servicios públicos.

Y en contra de lo que pueda parecer, constatar la poca sintonía que podemos apreciar en el sector público respecto de la situación financiera de las familias, creo que esto supone una razón, y de peso, para seguir promocionando el ahorro personal y familiar como medio para avanzar en cotas crecientes de independencia y libertad financiera. Detraer parte de nuestras rentas disponibles para dedicarlas a la inversión que haga crecer nuestra columna de activos y con ello nuestro patrimonio, va a cambiar nuestra vida y la de nuestras familias. Cuantos más lo hagamos, más transformaremos la sociedad, que será cada vez menos dependiente de subvenciones o ayudas públicas o privadas, y por tanto, más libre y menos manipulable.

El Día Mundial del Ahorro debería servirnos para reflexionar sobre qué sociedad tenemos y qué sociedad queremos.

¡Feliz Día Mundial del Ahorro!

Ver publicaciones anteriores de Francisco Romero. Asesor Financiero en Caser A.V. Asociado EFPA 30478

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