Francisco Romero -Educación Financiera- Ojos en la cara y nudges

Hace unos días, en mitad de una sesión de formación online, uno de los asistentes hizo una pregunta muy atinada a tenor del asunto que estábamos tratando. Sin ser literal, lo que se planteaba es una de esas cuestiones básicas que todo contribuyente debería hacerse en algún momento, más ahora que llega el momento de arreglar (o destrozar) cuentas con Hacienda. La cuestión incidía sobre la medida en que la economía de un país se ve afectada según el tamaño relativo de su administración pública. Es decir, ¿será mejor una economía donde tenga mayor peso el sector público o aquella en la que prime el sector privado? O, planteado de otro modo: ¿Qué es más importante para la buena marcha de un país: el fomento de la iniciativa privada o la gestión pública de los recursos que compense los desmanes de la “mano invisible”?

Hace unos días también, “El Economista” publicó la III edición de su Ranking ESP 500, que remeda con cierto voluntarismo y mejor intención, el famoso índice americano S&P500. Tanto uno como otro, recogen -a su nivel- la clasificación de las 500 mayores empresas de sus respectivas economías.

Si bien no es este el foro para discutir sobre la accionabilidad de los datos, sí que podemos traer a esta privilegiada palestra algunos de los recogidos en el citado “ranking”.

De entrada, llama la atención lo siguiente: Madrid es, con diferencia, la comunidad autónoma con un mayor número de corporaciones. En concreto, alberga la sede central de 243 de las 500 que conforman la clasificación. Lo que supone nada menos que el 49% del total. Cataluña se queda con 86 (17%), País Vasco con 33, Galicia con 22, Andalucía con 19 y cierra lo destacable la Comunidad Valenciana con 16. En estas seis comunidades autónomas se encuentran las sedes del 84% de las 500 mayores empresas de España.

Si consideramos el número de empleados que aglutinan estas corporaciones, hablamos de 3,4 millones de trabajadores. Destaca de nuevo, y como no podía ser de otra manera, Madrid, con algo más de 2 millones de empleados. Le sigue Cataluña, con 325.000 empleados; País Vasco, con 313.000; Galicia, con 240.000; Comunidad Valenciana, con 128.000; y Baleares, con 83.000.

Destacamos por último la facturación. En este campo, y medido en millones de euros, tenemos a Madrid en primer lugar, con 550.000; Cataluña, con 109.000; País Vasco, con 96.000; Galicia, con 47.000; Comunidad Valenciana, con 32.000; y cierran los primeros puestos Castilla y León, y Andalucía, ambas con 17.000.

Durante la presentación de la que hablaba al principio, una de las respuestas a la pregunta que se planteó, establecía que si uno tiene ojos en la cara, puede ver con facilidad que la iniciativa privada es el motor de la economía de un país, y que si se prescindiera de ella o se la dificultara, no acabaría quedando nada que el sector público tuviera que redistribuir o gestionar. Quizá se trate de una respuesta tendenciosa en determinados ambientes o para opciones políticas muy concretas.

Richard Thaler, Premio Nobel de Economía de 2017, ha acuñado un concepto fundamental en esa “nueva” rama de esta ciencia que se ha dado en llamar “Economía del Comportamiento”. Les hablo de un nudge, que es la palabra que tiene el idioma inglés para referirse a “empujar suavemente o dar un golpecito en las costillas, sobre todo con el codo” a fin de “avisar, recordar o amonestar suavemente a otro”.

Thaler acota el significado de su nudge al referirse a “cualquier aspecto de la arquitectura de las decisiones que modifica la conducta de las personas de una manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos”. Y pone algunos ejemplos: “colocar la fruta bien visible es un nudge. Prohibir la comida basura no lo es.

Teniendo en cuenta lo que hemos comentado hasta ahora, ¿en qué comunidad autónoma considera que tendría más sentido y proyección comenzar una actividad económica? ¿Puede influir palmariamente la política económica de una región en el desarrollo de su economía?

¿Es necesario preguntarle por el sentido de la publicación de clasificaciones como la que recoge el ESP500 de “El Economista”, o está usted ya sintiendo el nudge en sus costillas?

Ver publicaciones anteriores de Francisco Romero. Asesor Financiero en Caser A.V. Asociado EFPA 30478

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