Javier Lima -Verso Libre-Mundos paralelos

Terminaba de ver el otro día la miniserie Desplazados. Una recomendable serie de Netflix cocreada y codirigida por la actriz australiana Cate Blanchett que intenta abordar el drama y la complejidad de la inmigración. Basada en testimonios reales—Desplazados— es una historia poliédrica que trascurre en un centro de inmigración de Australia protagonizada por la actriz, Yvonne Strahovski, también actriz de reparto en la serie deEl cuento de la criada.

La inmigración ilegal y los refugiados son de esas historias que acostumbran a salir en las noticias, sobre todo cuando se produce un naufragio, una avalancha de refugiados o algún partido faszoide decide hacer a los menas blancos de sus sucias estrategias electorales. Una astuciadeplorable pero exitosa, esta última, cuando convence a una parte de la ciudadanía de que esos que cruzan las fronteras solo son delincuentes que no van a aportar nada a nuestra sociedad. Obvian a todas aquellas familias y personas que escapan de las guerras, de las torturas o de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos mientras muchos países de Occidente esquilman sus recursos naturales permitiendo a sus dictadores que pisoteen con impunidad a sus pueblos o consientan guerras civiles que terminan en genocidios. Como el caso de Ruanda o del Congo y el coltán, un codiciado mineral manchado de sangre que forma parte de nuestras cómodas vidas a través de nuestros smartphones, tablets o portátiles. En este último país, el Congo, operan más de 120 grupos armados que se benefician de la extracción ilegal de este mineral mientras con este lucro obtenido cometen sus crímenes contra la población civil: asesinatos, violaciones indiscriminadas a mujeres y niñas o secuestros de niños que convertirán en soldados.

UNICEF denuncia que hay más de 40.000 menores trabajando en las minas ilegales de coltán en jornadas laborales de más de 14 horas. No es de extrañar que mucha de su población, solo por hablar de un solo país, termine huyendo en busca de una vida mejor a un paraíso donde simplemente la vida humana se respete como es debido y tengan la oportunidad de una existencia digna.

Los refugiados en el mundo se calculan en unos 70 millones, desplazados de sus lugares de origen por diferentes motivos: conflictos armados, violaciones, torturas, represalias políticas… cuyos flujos masivos generan numerosos problemas en las fronteras y nos muestran la debilidad de nuestros sistemas para gestionarlos, la mayoría de las veces por una escasa voluntad política de solventarlos.

¿Pero qué ocurre con estos inmigrantes que llegan de forma ilegal a nuestro país? Yo diría que una mayoría de la población solo conoce los sucesos de los naufragios y de las llegadas masivas pero apenas nada de cómo es la vida de estas personas en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CEI) o en los Centros de Estancia Temporal de Extranjeros (CETI) o al salir de ellos. En España pasan por los siete CEI existentes en España unas 7000 personasal año, en espacios pensados para retenerlos un máximo de 60 días a extranjeros sin papeles que tienen dictada una orden de expulsión pero de los que el Estado solo logra devolver al 29% de ellos, afortunadamente.

Muchos de estos inmigrantes a los que no se les puede devolver —denominados inexpulsables— se quedan en un limbo legal y condenados a formar parte de la economía sumergida al no poder regularizar su situación debido a la normativa existente. Es por ello que me atrevería a afirmar que muy pocos conocen ese mundo en profundidad que es la inmigración; sus problemas reales y su vida en España. Un mundo ignorado e invisible.

Otro de esos submundos, al menos para mí, es el del ocio nocturno de Marbella y, sobre todo, esa Marbella tan oscura como las noches en las que se celebran esas fiestas ilegales donde parecen convivir currantes, narcos, prostitutas y un público canalla que se beneficia de esas fiestas para sortear las restricciones y el ocio nocturno legal que sí tiene que cumplirlas.

Aunque uno a estas edades cada vez se sorprende menos, y me imagino el sórdido mundo de la noche de Marbella pensando en nuestro turismo cada vez más decadente y peligroso, me sorprendió mucho la noticia del secuestro de un camarero en una fiesta ilegal de Marbella porque parecía el guión de una película española; de esas que retuercen tanto la ficción que las hace poco creíbles aunque ya en Marbella todo sea posible.

Un camarero que trabajaba en fiestas ilegales, en villas de lujo de la Costa del Sol y donde se consumía todo tipo de drogas, fue víctima de la organización que le acusó de robar dinero de la recaudación. Motivo por el cual lo secuestraron y le infringieron todo tipo de vejaciones y lesiones, incluida una ‘M’ marcada en la frente con una navaja. Pero lo que más me llamó la atención de la noticia fue el escarnio al que le sometieron donde llegaron a exponerlo públicamente, maniatado y amordazado, en una fiesta, como parte del espectáculo y con la complacencia del público asistente. Una organización que presuntamente traficaba con estupefacientes y a la que se le requisó todo un arsenal de armas en las detenciones que la policía practicó tras la denuncia de la víctima.

No, no son relatos de narrativa negra como los que convoca Marbella Activa en la VIII edición de su concurso de relatos. En este caso la realidad supera la ficción. Recordemos que unos meses atrás un DJ moría de un disparo en otra fiesta ilegal de Marbella. Es ese otro mundo que muchos no quieren ver me imagino que como mecanismo de defensa que representa la negación de la propia existencia de estas realidades que les son inquietantes.

Nos decía el poeta francés Paul Éluard: «Hay otros mundos, pero están en éste…», algo que siempre ha despertado mi curiosidad, a la vez que la preocupación si pensamos en todos esos mundos y vidas que no nos tan accesibles a los comunes de los mortales o, tal vez, preferimos ser más felices en la ignorancia de no querer conocerlos ¡quién sabe!

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