Javier Lima -Verso Libre- Sobre el Tostón y Halloween

Fue allá por 2013 cuando varios colectivos, Mujeres en las Veredas, la Vereíta y Marbella Activa, rescatamos la ‘Fiesta del Tostón’, y con ello la tradición en la que muchos marbelleros nos íbamos con los amigos a Puerto Rico, los Monjes, Puente Palo y lugares cercanos a Sierra Blanca para asar las castañas; pero la prohibición lógica de hacer fuego en la sierra terminó con la fiesta tal y como la celebrábamos.

Afortunadamente, gracias al movimiento ciudadano, hoy se festeja el tostón en muchos parques urbanos y en los colegios de Marbella y San Pedro, conviviendo de forma inevitable con esa otra fiesta: Halloween, que ha dado lugar a híbridos como el Tostoween.

Aunque nos creamos que la fiesta del tostón y Halloween no tienen ninguna relación, ambas se sumergen en la noche de los tiempos, teniendo reminiscencias comunes en la tradición celta y en la celebración del Samhain, una fiesta que se celebraba el 31 de octubre para despedir el verano y el comienzo del año nuevo.

En la tradición cristiana se celebra el 1 de noviembre como día de Todos los Santos, para honrar a nuestros difuntos; aunque, originalmente, lo que se conmemoraba era la terrible persecución que el emperador romano Diocleciano llevó a cabo contra los cristianos. Fueron tantos los que sufrieron martirio que, ante la imposibilidad de honrarlos uno a uno, se optó por rememorarlos de forma colectiva. Esta festividad se instaura en el 609 con el Papa Bonifacio IV y se celebraba en mayo, aunque fue el Papa Gregorio III (731-741) quien lo trasladó definitivamente al 1 de noviembre, fecha que ha seguido repitiéndose hasta nuestros días.

El motivo de este cambio se debe a los intentos de la Iglesia por convertir al cristianismo a los pueblos con ritos paganos que no querían abandonar sus tradiciones y fiestas. Los pueblos celtas conservaban las costumbres ancestrales de su religión después de la conquista de Roma, incluso, tras la llegada de la fe católica. Un proceso análogo que explica porqué en España se construyeron muchas iglesias sobre las antiguas mezquitas, incluidas las de Marbella.

De ese modo, la noche del 31 de octubre se convirtió en la víspera del día de Todos los Santos, en inglés All Hallow’sEve, que terminaría derivando con el tiempo en lo que conocemos hoy como Halloween.

Aunque Halloween es una fiesta de origen celta que los irlandeses llevaron a América, esta palabra procede -como ya hemos visto- del rito cristiano de celebración de la víspera del Día de todos los Santos.

Para los celtas que habitaron la península ibérica, Escandinavia, Irlanda, las islas británicas y gran parte de Europa occidental la religión formaba parte de las costumbres diarias y jamás aceptaron totalmente los ritos cristianos. Es una de las razones por la que aún sobreviven entre nosotros algunas de las tradiciones de la víspera del 1 de noviembre, como es la de asar castañas, una tradición que pervive en numerosas regiones de España.

Los celtas solo dividían en dos partes el año: verano e invierno. La noche del 31 de octubre celebraban el Samhain que era el festival de la muerte. Esta fiesta pagana marcaba el término del estío y el inicio del año nuevo con la llegada de los días de frío y oscuridad. Este cambio de estaciones tenía un carácter muy especial en la que el Samhain era la fiesta más notable; pues, además de significar el final de la cosecha y el agradecimiento por los frutos recogidos, se preparaban para recibir a Samhain, el dios de la muerte. Los celtas creían que esa noche y con el consentimiento de Samhain los espíritus de los muertos regresaban para despedirse de sus familiares o para comunicarse con ellos. Los obstáculos que separaban la vida de la muerte se desvanecían y todos los espíritus entraban en una dimensión muy cercana a la nuestra, desde la que podían pasar al mundo de los vivos.

En todas las aldeas, los druidas se disfrazaban esa noche con cuernos y cabezas de animales, visitando todas las casas del vecindario y exigiendo a sus habitantes ofrendas para Samhain. Si los druidas no quedaban satisfechos con estos obsequios, ellos les hacían un truco o treta a estas familias, maldiciéndoles con enfermedades o haciéndoles alguna fechoría. Este es el origen de la frase ‘trickortreat’ (trato o travesura).

Los druidas solían llevar consigo un nabo ahuecado en su interior y con una cara tallada en el frente que representaba al espíritu diabólico del que recibían su poder y sabiduría. Dentro del nabo colocaban una vela o trozos de carbón que les servía para iluminarse a modo de linterna en las noches en las que se internaban en el bosque o cuando se acercaban a las aldeas para solicitar las ofrendas. Una costumbre que terminó en Norteamérica con los primeros colonos irlandeses llegados durante los siglos XVIII y XIX. Al no encontrar nabos en el Nuevo Continente lo suficientemente grandes, los colonos optaron sustituirlos por calabazas, siendo al día de hoy la figura más representativa de la cultura anglosajona de la víspera de Todos los Santos.

¿Y la castaña? Se debe al valor que para los druidas tenían tanto el roble como el castaño, considerados árboles sagrados. El poeta griego Homero dejó constancia entre sus escritos que los druidas celtas veneraban el árbol de las castañas por creer que era un fruto donado por los dioses y las castañas el símbolo de la inmortalidad. En las tribus celtas el castaño era el árbol del pan, pues elaboraban harina con ellas y luego la utilizaban para alimentarse durante todo el año. Esta costumbre fue continuada después por los romanos, que fabricaban con esta harina, agua y sal el bullote, una especie de torta con la que se alimentaban los legionarios en sus campañas.

La castaña fue el alimento principal en forma de fruto fresco, seco o molido en harina, hasta el siglo XVI. Después, con el descubrimiento de América los españoles trajeron al Viejo Continente los tomates, las patatas y el maíz, desplazando poco a poco la importancia que hasta entonces tenía la castaña en la dieta europea.

Las castañas siguieron estando presentes a lo largo de los siglos en las costumbres y tradiciones que se celebraban en la vieja Europa durante la víspera del 1 de noviembre y fechas próximas a la llegada del invierno, atribuyéndosele siempre a este fruto un carácter mágico y espiritual que aún se conserva en gran parte de España.

Hoy en día se podría recorrer la península ibérica cualquier víspera de Todos los Santos y contemplar la cantidad de tradiciones que se celebran en la que las castañas se mantienen como protagonistas. Lo recoge muy bien Alicia Hernández en su blog gastronómico Conmuchagula.

En Cataluña se celebra la Castanyada, en la que después de la cena familiar y en recuerdo de los muertos se suelen comer castañas asadas, así como los panellets y otros dulces propios del lugar.

En Euskadi el GastañerreEguna (día de las castañas), tradición en la que grupos de amigos se reúnen en torno a una merienda en la que, además de las castañas asadas, se degustan caracoles y chorizos.

En Galicia llaman a esta celebración Mangosto o Magosto y se relaciona con el culto a la fecundidad y la honra a los difuntos. En este caso la castaña se convierte en símbolo del alma de los fallecidos, por lo que por cada una que se comía significaba la liberación de un alma del purgatorio. Próxima a Galicia, en Portugal, también se celebra y recibe el nombre de Magustos.

El término magosto se refiere a una lumbre, hoguera o fogata que se emplea para asar o chamuscar una castaña en la merienda o banquete y, en especial, en la época de la cosecha de este fruto. También se refiere a la castaña asada que se hace en esta pira o la reunión o convite que se celebra para hacer este asado.

En Castilla y León a esta tradición también se le denomina Magosto, teniendo bastante arraigo en la zona del Bierzo y de Sanabria donde, además de consumir las castañas asadas, se acompañan con vinos de la zona. En Ávila y Salamanca, al suroeste de esta comunidad autónoma, les llaman Calbotes a las castañas asadas. La fiesta de la calbotada es muy famosa en Béjar, aunque se celebran también calbotadas o calbotes en muchos pueblos de Extremadura.

En Asturias a esta costumbre se le denomina Amagüestu, fiesta que se acompaña bebiendo grandes cantidades de sidra dulce; especialmente en el festival de la castaña de Aces. Como nos cuenta Alicia Hernández en su blog, se celebra el ‘amagüestu de Difuntos, en el que las familias asan las castañas alrededor de una hoguera. Al finalizar, las castañas que sobran se suelen tirar al suelo diciendo: ¡Estu ye pa que xinten los difuntos! En otras fiestas asturianas, como la de Teixois (Taramundi), suenan las gaitas y las castañas se toman acompañadas con sidra dulce. En Oviedo, la calle Gascona, llena de sidrerías, organiza a principios de noviembre unas jornadas gastronómicas alrededor de la castaña y hay un amagüestu popular con reparto de sidra dulce’.

En Canarias el día de los finaos -finaos significa finados, persona muerta o difunta- es una fiesta popular que se celebra la víspera de Todos los Santos; en ella la gente sale a la calle a reunirse con amigos y disfrutar de una noche mágica en la que degustan castañas asadas entre sorbos de aguardiente y en la que se recuerda a los finaos, aquellos que finalizaron su vida en este mundo pero que aún viven en nuestro recuerdo.

En Andalucía reciben el nombre de tostones y los hay por todo el territorio sobre todo en zona de castaños como en la Sierra de Aracena en Huelva, en el parque natural de la Sierra Norte de Sevilla o en la Alpujarra granadina, donde también se celebra la fiesta de la castaña con gran devoción, pero se le llama la Mauraca y las castañas asadas se acompañan con el chapurrao, el mosto aún sin fermentar mezclado con anís o aguardiente.

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